
Victoria Garriga y Pedro Azara. Bagdad
La semana del 22 al 28 de Marzo de 2010 asistimos como ponentes invitados por el Ayuntamiento de Bagdad al congreso internacional sobre “ Preservación y Rehabilitación de los Centros Históricos de Irak” PRICC.
Las ciudades de Irak han sufrido 30 años de guerras, embargos, posguerras y la acción sostenida de un dictador muy violento y megalómano. Aunque por ahora la seguridad sigue siendo el tema prioritario en la agenda del gobierno, se están tratando de poner en marcha planes para reconstruir el país. Hay una necesidad perentoria de planes de infraestructuras, agua, sanidad, electricidad… inexistentes, obsoletos o destruidos, que pongan al país en unos estándares aceptables. La implantación de estas nuevas infraestructuras es una labor complicada no sólo por la magnitud del problema, sino por la propia morfología de las ciudades irakís, en su mayoría de fundación y trazado milenario. A esto hay que sumarle que algunas de estas ciudades son consideradas santas en el mundo islámico- Kerbala o Khadimiya_ y son centros de peregrinación masiva. El trabajo es realmente importante si añadimos lo que han supuesto los 30 años de aislamiento y el exilio masivo de aquellos profesionales que podrían afrontar con ciertas garantías un reto como este. Muchos de estos exiliados están tratando de volver para ayudar en esta tarea, pero la mayoría son gente muy mayor y que han perdido el pulso del país. La generación intermedia que se quedó en Irak prácticamente desapareció en las distintas guerras y a manos de Sadam.
Tienen por delante una dificultosísima tarea de reconstrucción y hay proporcionalmente pocos irakís capaces de afrontarla. Esta situación les resulta dolorosa, pero son conscientes de que no pueden desestimar el peso de esa carencia de gente formada en otros lugares. Tienen una democracia no sólo joven sino muy frágil y tienen prisa. No tienen tiempo para esperar los 30 o 40 años que les llevaría formar a la generación capaz de encargarse de esta labor. Irak es en este momento un país desestructurado y descabezado.
Las imágenes que llegan a Irak desde Dubai, Qatar o Emiratos Árabes son muy peligrosas si uno cree en la necesidad de reconstruir y recuperar las trazas de un pasado histórico y arquitectónico muy rico, para aspirar a un futuro mejor. La imagen de un mundo nuevo de piscinas, rascacielos, modernidad y riqueza resulta peligrosamente atractiva desde la agotadora realidad de dificultad y precariedad en la que está sumido un país que por otro lado va a contar con mucho dinero del petróleo.
La dificultad de este país en este momento es cómo hacer las cosas rápido pero bien, cuando velocidad y buena arquitectura pocas veces van juntas, más cuando hay dinero fácil en juego.